Cuando estén caminando por la Capital de Venezuela, entren a visitar el Museo de Caracas, que queda frente a la plaza Bolívar, en la misma sede del Gobierno Municipal, porque este sitio, para que vean una muestra de nuestra idiosincrasia, allí nuestras tradiciones se ven reflejada en jocosas miniaturas que son interesantes de detallar por cualquier local o extranjero.
Particularmente, el artista venezolano Rafael Santana inmortalizó entre otras cosas la Parranda de San Pedro tal cual la conoció en su momento, mediados de siglo XX. La que fuera la parranda de Negros Esclavos de los valles de Pacairigua, Guatire y Guarenas nos presenta a María Ignacia, rodeada de varios hombres de palto levita con cuatros y maracas, dos de ellos con cotizas en sus pies, frente a la Inolvidable fachada del templo de Santa Cruz de Pacairigua -El viejo templo - en la Ciudad de Guatire.
Cuando detallamos la memorable estampa observamos que quedaron grabados dos personajes de condición itinerante. El primero, un hombre de marcada tez blanca vestido de sotana que bien pudiera ser un sacerdote bonachón o una estampa “jocosa” de San Pedro, jocosa porque en su mano derecha lleva una maraca, con la que asumo lleva el ritmo. Y además, a diferencia de las otras tallas de aproximadamente 30 centímetros de altura nos encontramos con una algo más pequeña, es el segundo personaje, un “sanpedreñito”, un niño o quizás un enano se colocaba en posición de interpretar a este fugaz personaje que en algún momento figuró en la parranda y del cual hoy no sabemos su razón.
Más allá de una simple mirada al trabajo del artista al cual respetamos y admiramos por lo laborioso de su obra, esto es solo una excusa para revisar el origen de una tradición centenaria, donde lo religioso tiene un factor principal al cual se le complementa con la creatividad y la inocencia de los hombres que alguna vez fueron esclavizados solo por tener la piel más oscura que la raza dominante.
Hoy día la parranda consta de personajes que muy bien expresan su esencia:
- María Ignacia (Un hombre vestido de mujer): La esclava que pide la sanación de su hija en peligro de muerte.
- Rosa Ignacia (Una muñeca de trapo): La niña en la cual ocurre el milagro.
- San Pedro Apostol (Una talla de madera, portátil): El autor del milagro y por tanto el homenajeado de ese día.
- Los Sanpedreños (hombres vestidos de levita y alpargata): Representan a los negros esclavos, hacen la música con cuatro y maracas, portan la Imagen Sagrada, las cotizas para hacer más resonante su protesta y uno de ellos lleva la bandera, un aditamento bien acorde con el hecho de señalar la ruta de la parranda.
- Los tucusitos (Dos niños en traje bicolor y banderitas de lo mismo): Son un recordatorio perenne de que la parranda no está allí por afinidad política, sino para cumplir con una promesa que se ha vuelto tradición por todo lo que allí se representa.
Fuera de ellos no hay nada más que agregar, para sanpedreñito hoy día tenemos comparsas formadas por niños únicamente y que son los futuros responsables de seguir adelante la tradición, y por otra parte, ante un hombre que haga mofa de primer Papa, existe la figura tallada, que le da la venerable solemnidad al Santo Apóstol. Así como ellos, todo aditamento de la parranda que no tenga piso histórico corre el riesgo de desaparecer si remordimiento alguno.
La Parranda de San Pedro se ha inmortalizado, por ser eso, una esencia del pueblo que lo dio nacer, y todo lo esta plasmado, tiene un significado y una enseñanza para el mismo pueblo, sea creyente o no, sea político o no, sea de esta región o no. Si quieren conocer más de cerca esta tradición visiten Guatire y Guarenas un 29 de junio, sin embargo no dejo de admirar el trabajo de quienes se han ocupado de plasmar nuestra historia para que de alguna forma esta no se diluya entre tanto caos urbano.
Juan Ramón Colina Suárez
Cuando detallamos la memorable estampa observamos que quedaron grabados dos personajes de condición itinerante. El primero, un hombre de marcada tez blanca vestido de sotana que bien pudiera ser un sacerdote bonachón o una estampa “jocosa” de San Pedro, jocosa porque en su mano derecha lleva una maraca, con la que asumo lleva el ritmo. Y además, a diferencia de las otras tallas de aproximadamente 30 centímetros de altura nos encontramos con una algo más pequeña, es el segundo personaje, un “sanpedreñito”, un niño o quizás un enano se colocaba en posición de interpretar a este fugaz personaje que en algún momento figuró en la parranda y del cual hoy no sabemos su razón.
Más allá de una simple mirada al trabajo del artista al cual respetamos y admiramos por lo laborioso de su obra, esto es solo una excusa para revisar el origen de una tradición centenaria, donde lo religioso tiene un factor principal al cual se le complementa con la creatividad y la inocencia de los hombres que alguna vez fueron esclavizados solo por tener la piel más oscura que la raza dominante.
Hoy día la parranda consta de personajes que muy bien expresan su esencia:
- María Ignacia (Un hombre vestido de mujer): La esclava que pide la sanación de su hija en peligro de muerte.
- Rosa Ignacia (Una muñeca de trapo): La niña en la cual ocurre el milagro.
- San Pedro Apostol (Una talla de madera, portátil): El autor del milagro y por tanto el homenajeado de ese día.
- Los Sanpedreños (hombres vestidos de levita y alpargata): Representan a los negros esclavos, hacen la música con cuatro y maracas, portan la Imagen Sagrada, las cotizas para hacer más resonante su protesta y uno de ellos lleva la bandera, un aditamento bien acorde con el hecho de señalar la ruta de la parranda.
- Los tucusitos (Dos niños en traje bicolor y banderitas de lo mismo): Son un recordatorio perenne de que la parranda no está allí por afinidad política, sino para cumplir con una promesa que se ha vuelto tradición por todo lo que allí se representa.
Fuera de ellos no hay nada más que agregar, para sanpedreñito hoy día tenemos comparsas formadas por niños únicamente y que son los futuros responsables de seguir adelante la tradición, y por otra parte, ante un hombre que haga mofa de primer Papa, existe la figura tallada, que le da la venerable solemnidad al Santo Apóstol. Así como ellos, todo aditamento de la parranda que no tenga piso histórico corre el riesgo de desaparecer si remordimiento alguno.
La Parranda de San Pedro se ha inmortalizado, por ser eso, una esencia del pueblo que lo dio nacer, y todo lo esta plasmado, tiene un significado y una enseñanza para el mismo pueblo, sea creyente o no, sea político o no, sea de esta región o no. Si quieren conocer más de cerca esta tradición visiten Guatire y Guarenas un 29 de junio, sin embargo no dejo de admirar el trabajo de quienes se han ocupado de plasmar nuestra historia para que de alguna forma esta no se diluya entre tanto caos urbano.
Juan Ramón Colina Suárez